OBRAS / Anámmesis

Anámmesis.
Video - Instalación. Galería Ginsberg. 2017.
Curaduría: Max Hernández Calvo

ANÁMESIS

Una secuencia de escenas enigmáticas funciona a modo de disparador de una serie de percepciones ambiguas y de sensaciones a mitad de camino de la realidad y la fantasía, como si se tratase de recuerdos de experiencias aún no vividas o que escapan a toda posibilidad de remembranza.

Verónica Wiese plantea en Anamnesis una mirada reflexiva al inexorable paso del tiempo, el acecho de la muerte y la cuestión mística del “otro mundo”. Su video-instalación conjura un espacio en el que la memoria, el olvido y la imaginación se disputan el papel protagónico. La huella mnémica, la expectativa, el deseo y el temor son invitados a ocupar dicho territorio y, al hacerlo, lo van modelando en el espejo de nuestra propia psique.

La etimología del concepto griego que da título a la muestra anuncia anticipadamente esta articulación de pasado, presente y futuro en las dos voces que une: “ana”, preposición que puede entenderse como arriba, sobre, encima, hasta, hacia, a través de, de vuelta, hacia atrás, de nuevo, nuevamente, y “mneme”, que se traduce como memoria aunque también remite al pensar, al recordar, a la mente, al ser consciente, etc.

En su sentido actual, una anamnesis supone representar un recuerdo en la memoria. Verónica Wiese juega con ese sentido—o dirección—y le da un giro, imponiendo una trayectoria circular a la constelación de imágenes extrañas que su videoinstalación pone en marcha.

Cinco grandes monitores dispuestos en círculo constituyen el circuito para sus escenas. A través de esta configuración, la artista implementa un recorrido dinámico de la mirada y del cuerpo que nos solicita, en tanto audiencia, un involucramiento activo para seguir la secuencia visual dentro de esta arena. El lenguaje formal empleado, en cambio, apela a la contemplación mediante el uso de tomas cadenciosas, variaciones rítmicas, juegos compositivos, tonales y lumínicos que por momentos resultan hipnóticos. Por su parte, el trabajo fílmico y de edición apuesta por lo evocativo recurriendo a escenas que, aunque no están cifradas, no se revelan de inmediato ni totalmente y que solicitan nuestra capacidad de deducción e interpretación.

¿Qué son estos escenarios vagamente familiares pero profundamente ajenos que se suceden en Anamnesis? No hay respuesta clara. Cautivantes e intrigantes, las imágenes de la artista son, a su modo, una suerte de invitación a un peculiar baile con nuestra propia memoria en el que no podemos evitar tropezar una y otra vez, pues el recuerdo que nos convoca está antes de la vida misma (en un estadio que coquetea con el océano primordial del útero materno) o después de ella (en esa antesala otrora llamada limbo).

La Anamnesis de Verónica Wiese es, a su modo, un intento por recorrer esa misteriosa frontera que demarca la diferencia entre la vida y la muerte. Una frontera que por momentos parece ser no una implacable línea divisoria sino un espacio potencial en el que los estados de la materia, de la conciencia y del espíritu están en permanente cambio.

 

Max Hernández Calvo

 

A sequence of enigmatic scenes triggers a series of ambiguous perceptions and feelings, halfway between reality and fantasy, as if they were memories of experiences not yet lived or that escape any possibility of remembrance.

In Anamnesis, Verónica Wiese presents a reflective look at the relentless passage of time, the imminence of death, and the mystical question of the “other world”. Her video-installation creates a space where memory, oblivion, and imagination compete for the leading role. The mnemic trace, expectations, desire, and fear are invited to occupy that space, and in doing so, they transform it, mirroring our own psyche.

The etymology of the Greek concept of Anamnesis, namesake of the show, announces this linking of past, present, and future with the two words it conjoins: “ana”, a preposition that can be understood as up, on, upon; up to, toward; throughout; back, backwards; again, anew, and “mneme”, which is translated as memory, but also means to think, to remember, mind, consciousness, etc.

In its current meaning, anamnesis implies the representation of a recollection in memory. Verónica Wiese plays with this sense—or direction—and gives it a twist, driving the constellation of strange images that the video-installation sets in motion, into a circular trajectory.

A circle of five large screens provides the stage for her scenes. With this setting, the artist establishes a dynamic path for the gaze and the body that asks us, as the audience, to get actively involved in order to follow the visual sequence within this arena. However, the formal language she employs demands a contemplative attitude through the use of slow-paced shots, rhythmic variations, and compositional, tonal and light shifts, which at times are mesmerizing. In terms of the filming and editing, she favors the evocative, using scenes that, while not encrypted, do not reveal themselves immediately or completely. Thus, they demand our capacity of deduction and interpretation.

What are those vaguely familiar but deeply alien scenarios appearing in Anamnesis? There is no clear answer. Captivating and intriguing, the artist’s images are, in their own way, a sort of invitation to a peculiar dance with our own memory, a dance where we cannot avoid tripping again and again, because the memories being summoned originate before life itself (in a moment in time flirting with the primeval ocean of the maternal womb) or after it (in that waiting room formerly known as limbo).

Anamnesis by Verónica Wiese is an attempt to trace the mysterious boundary between life and death. A boundary that sometimes does not seem to be an unwavering divide, but a potential space in which the states of matter, conscience, and spirit are in permanent flux.

 

Max Hernández Calvo